Fútbol S.A.

Leonardo Herrera
Creado: 10/11/2006

(Segunda vez que voy a poner algo sobre el fútbol en este blog. Por favor permítanme esta licencia. Si no quieren leerme a mí, entonces al menos lean este artículo, que dice básicamente lo mismo que abajo regurgito sobre la Premier League).

Esta semana se cumplió el plazo dado por el gobierno a la ANFP para que se cumpla la nueva Ley de Sociedades Anónimas Deportivas. se eligió un nuevo presidente, y hasta se cambió la camiseta (modelada, obviamente, por modelos... argentinas). Se ven aires de cambio en el alicaído (que manoseada palabra) fútbol chileno.

Primero, veamos al nuevo presidente. Este señor Mayne-Nicholls es conocido pues es el único que ha tenido algún cargo de importancia en la FIFA. Es una persona preparada, sabe de fútbol y sobre su organización y funcionamiento a altísimo nivel. Y, como todo comentarista deportivo nos ha recordado durante esta semana, habla bien. En fin, hay esperanzas.

La nueva ley indica, básicamente, que los clubes deben ser sociedades anónimas o fundaciones. Esto de por sí ya implica un cambio positivo; tengo la firme convicción que la plata de nadie tiende a ser malgastada. Si hay un dueño, va a chillar cuando alguien le haga perder plata.

Sobre lo de las camisetas... sin comentarios. Es una bonita camiseta, eso sí, pero la presentación fue un fiasco.

Otro tema que se ha tocado es la contratación del ex jefe del GOPE de Carabineros como el jefazo máximo de la seguridad en los estadios, una noticia bastante colorinche. Es de esperar que algo se haga. Pero, y aquí está mi gran convicción, mientras no se haga un cambio simple esto no va a mejorar: el fútbol debe ser orientado hacia la gente de clase media. Los estadios se deben achicar, modernizar, y cada asiento debe ser individual y numerado. Las entradas deben costar más plata que ahora. No se debe permitir ingresar con ningún elemento a los estadios: fuera las banderas, los bombos, las serpentinas. Las barras deben ser prohibidas.

Antes de que alguien diga que se va a perder el "ambiente" en los estadios, déjenme decir esto: sí, se va a perder. Se va a perder gran parte de la mística que hace que mucha gente viva y muera por su club. Se va a perder esa persona que desea que sus cenizas sean esparcidas en la cancha del estadio de su club, ese tipo que se tatuó la insignia de su club en el corazón va a quedar muy defraudado. Se va a acabar la cervecita en la cuneta, a la hora del almuerzo, en las afueras del estadio; se va a acabar el macheteo, juntar las moneas para comprar la entrada, y se va a acabar las juntas para organizar los nuevos cantos de la barra. Es cierto, existe toda una organización, una manera de vivir la vida y de respirar el fútbol asociado con las barras; pero la cantidad de personas que va a una barra es realmente poca comparado con la gran cantidad de personas que no va al estadio y compra una entrada más cara sólo para evitar a las mismas barras.

Esta experiencia no sería algo nuevo. En Inglaterra, hace tán solo 16 años los estadios eran decrépitos y el hooliganismo era un problema nacional. Hubieron tres grandes tragedias que marcaron para siempre al deporte inglés: en 1985 los hooligans -después del colapso de una reja- atacaron la barra de la Juventus en el estadio Heysel, provocando nada menos que 39 muertos. En el año siguiente, 56 personas murieron y más de 250 quedaron heridas en el horrible incendio que afectó al estadio de Bradford, debido básicamente a un estadio decadente. Y la gota que rebalsó el vaso, la tragedia ocurrida en el estadio Hillsborough, de Sheffield, donde 96 fans del Liverpool perecieron debido a un estadio sobrecargado.

Estas tres tragedias dieron origen al reporte solicitado por el Lord Justice Taylor[1], llamado el Taylor Report, que marcó el camino para el nuevo fútbol inglés, ese que ahora vemos en ESPN. Su regla más visible (y que muchos sospechan es la principal causa de la decadencia del hooliganismo, junto con los precios de las entradas) es que ningún estadio puede tener bancas ni público de pie, sino sólo asientos individuales numerados. Todas estas medidas, junto con la creciente incorporación de los clubes como sociedades anónimas hicieron del negocio de la liga un asunto estratosférico: de los apenas 2.6 millones de libras esterlinas que se pagaban por los derechos televisivos y que se dividían entre 92 clubes en 1985, hoy se pagan más de 1000 millones de libras esterlinas por tres temporadas, y se divide entre apenas 20 clubes.

Antes de que venga algún iluminado a decirme que eso en Chile no resultaría, ese mismo argumento se repetía en Inglaterra a fines de los ochenta. Los equipos ingleses estuvieron vetados por cinco años de toda competencia internacional debido a los hooligans. Hoy prácticamente no existen. Las proporciones son distintas, claro, pero el resultado final sería el mismo: un mejor espectáculo para todos.

¿Qué esperamos, entonces? Que las nuevas sociedades anónimas comiencen a ver al fútbol como un negocio, y los estadios se volverán a llenar. Yo tengo esperanzas de ir a un estadio moderno. Si es el Monumental, mejor .

[1]: El señor se llama Clarence Taylor. Es un Lord, pero es no un Lord cualquiera: es un Lord Justice. Yo pensaba que el tipo se llamaba Justice...

Este sitio es mantenido con ePublish